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viernes, 12 de diciembre de 2008

And here we... go!

Recuerdo perfectamente ese 18 de julio del año 2008, fecha en que The Dark Knight se estrenó en cines a nivel mundial. Fui, a güevo, con todo el entusiasmo del mundo y con mi playerita oficial de la película. Una vez adentro del cine, tuve que esperar una horrible media hora, en una fila llena de chicos fresas que nomás decían puras pendejadas, y para pasar el rato, fui a la dulcería y me compré un vasito de Batman y la gorrita de la película, que, no es por nada, está bien padre. Bueno, en fin, cuando entramos a la sala, pasaron otros veinte minutos de trailers y de comerciales, chingao...
Entonces, la sala se oscureció. La pantalla se volvió azul mientras se escuchaba una larga nota de violín eléctrico: el tema de Joker.
Ver esa película me emocionó mucho. Hacía bastante tiempo que no esperaba una película con tanta ansia, pero ésta la esperé, día a día, desde que la WB anunció que sí iba a sacar la secuela de Batman Begins. Fue una función apasionante; de repente, los chicos que tanto me habían irritado en la fila, se volvieron casi mis amigos, mientras gritábamos cosas como: "Ah, ¡qué chingón!" ¡Ah, no mames!" "Pinche Nolan... ¡se la rifó!" y así. Me pareció una película espectacular, maravillosa, tremendamente bien realizada, con diálogos fluidos y orgasmeantes. Salí de la sala con cara de poder morir feliz.
Ya he visto la película como diez veces, y mi opinión cambió bastante.
The Dark Knight es una película llena de errores, con secuencias innecesarias, diálogos más o menos buenos y un Batman que dan ganas de poner en el retrete y tirar de la cadena. Hay cosas imperdonables en el filme, como el hecho de que Batman hiciera trampa para atrapar a Joker, o que en la secuencia del penthouse, el detective enmascarado dejara ir al payaso sin intentar mover un dedo para detenerlo. Eso entre muchas otras cosas.
No obstante, TDK es una bella sorpresa, debo admitirlo. Hay secuencias en las que simplemente no puedes alejar los ojos de la pantalla. Harvey Dent está maravilloso, y te encariñas con el personaje inmediatamente; yo sí salí de la sala aplaudiendo a Aaron Eckhart. Rachel Dawes mejoró bastante, sobre todo porque ya no es la pendeja de Katie Holmes. Lucius Fox, sorprendente; no te imaginas a un técnico mejor para Batsy: Morgan Freeman actúa bien, como siempre, y te deja un gran sabor de boca, sobre todo por la mezcla de serenidad y comicidad que otorga al personaje. Michael Cane como Alfred es reconfortante, acogedor; es la figura paterna que muchos deseamos haber tenido, pero nomás nos la pelamos. Gary Oldman como James Gordon está en lo suyo, no falla ni decepciona; hasta sientes confianza en el personaje que antes era solamente una excusa para que apareciera Batman.
Y Heath Ledger como The Joker... Bueno, ese es pedo aparte.
Cuando Joker aparece en la reunión de Mafiosos, empieza la película. "Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja-a-ajá..." dice él, y el mundo se detiene. Ledger dio vida a un hombre aterrador, demente y divertido; un sujeto que podría matar a cien personas frente a tus ojos y aún así ganarse tu afecto. La actuación, ciertamente es memorable, y la mejor que vimos en el año, después de todo: ¿hace cuánto que un personaje de cómic es llevado al cine con tanto éxito? Es una cosa bastante difícil, cabe decir. El personaje se lleva la película, y todos los momentos memorables son a causa de él. Heath Ledger se fue como los grandes, y es una verdadera lástima que no haya podido disfrutar su éxito.
Tal vez lo mejor de TDK es que no resultó ser una película con final feliz ni llena de ánimo, todo lo contrario: es una historia triste y, paradójicamente, más cercana a la realidad que muchas otras. Te recuerda que el mundo no es un lugar bonito, sino una cubeta llena de agua sucia en la que solamente puedes esperar a ahogarte, o a que otro te ahogue mientras intenta salvarse inútilmente. La historia de Batman cala profundo en el corazón de mucha gente porque trata sobre un grupo de personas que tuvieron un mal día y reaccionaron tomando la mejor decisión posible, la decisión que no muchos se atreven a tomar: abrazar la locura. Todo esto ocurre en una ciudad ficticia llamada Gotham City. Bob Kane, el creador de Batman, decidió que lo mejor sería no poner a su personaje en una ciudad real, como Nueva York o Chicago, sino crear una nueva, para que los lectores, sin importar dónde se encontraran, pudieran sentirse más cercanos a la historia, porque Gotham bien podría ser cualquier ciudad, incluso la nuestra... Y eso resulta doblemente aterrador.
Por eso y muchas cosas más, me compré el DVD de dos discos de TDK. Vale mucho la pena hacerse de una copia, sobre todo porque el disco dos incluye bastante de la campaña viral y las escenas que fueron filmadas en formato IMAX. Aunque no es la mejor película del mundo, TDK debe estar entre las posesiones de los amantes del cine, sobre todo porque es un gran historia e incluye a los dos grandes personajes que encabezan la lista del Salón de la Fama de los Personajes Ficticios.
Es más, la voy a ver otra vez, nomás de puro coraje.