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sábado, 6 de diciembre de 2008

La cosa que alguna vez fue Michael Jackson y su Thriller

No soy fan del pop. De hecho, la música pop tiene la maravillosa cualidad de irritarme mucho. Tal vez se trate de su simplicidad, del poco empeño que sus autores ponen siempre en ella, pues les parece más importante vender su producto que presentar un buen trabajo.
Curiosamente, escribo esto mientras escucho el álbum Thriller, de Michael Jackson.
Cuando era niño, a mí me encantaba el Rey del Pop. Recuerdo que una de mis fantasías no-sexuales era ir a uno de sus conciertos y wasawasear sus canciones, porque a esa edad no entendía ni madres del inglés. Fui fan de él hasta que empezó con sus delirios de grandeza y sus intentos de salvar al mundo. Ahí fue cuando valió madre.
Ah, sí; y cuando adoptó el extraño e ilegal hábito de acostarse con niños.
En fin, hubo un momento del siglo pasado en que Jackson fue lo más grande de mundo; salía a cada momento en la televisión y sus canciones se repetían sin cesar en la radio. A mi poco ortodoxo parecer, su mejor disco es Thriller. Es una belleza, punto. Todos los tracks son disfrutables, y tres de ellos hicieron historia: Thriller, Beat It y Billie Jean. El primero se volvió inolvidable gracias al video y su maravillosa coreografía; el segundo es, como dijo alguien a quien yo respeto mucho, "el encuentro más afortunado ente el rock y el pop"; y el tercero... Bueno, el tercero es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.
En este mismo momento mi grabadora escupe las primeras notas de Billie Jean; son suaves, elegantes y pegadoras.
Y yo simplemente no puedo evitar llevar el ritmo con el pie.